La Palabra
Martes, 13 de mayo del 2003
10:15 PM
Es común que la sed me despierte en las madrugadas.
Me levanté tanteando el espacio inestable de la oscuridad y llegué a la cocina esquivando muebles.
Me gustaría verlas, pensé, mientras me devolvía al sueño que, para mi felicidad, no se había disipado con la breve expedición en busca de agua.
He descubierto que existen y se ordenan a manera de espejo. Lo que queda a nuestras espaldas a medida que nos alejamos de un punto es, al mismo tiempo, lo que se acerca a nosotros como lugar a alcanzar.Al llegar a destino, y girando la vista sobre nuestras espaldas,se puede ver, a lo lejos, el mismo lugar sobre el que nuestros pies se encuentran apoyados.
Hay galerías, recovas, terrazas, patios y grandes plazas.
Las leyes que hacen que yo esté en uno u otro lugar no me resultan totalmente manipulables al momento; de modo que el lugar que habite o recorra es una decisión más que nada de mi mente y no siempre de mis intenciones.
Yo sí puedo observar y poner atención a todo lo que veo, acercarlo a mi vista o alejarlo, dejándolo difuso.Por este motivo, se me hace complejo e incómodo el asegurar que recorro o camino las ciudades, inclinándome mas bien a interpretar que, simplemente las veo.
Esta vez,llevando una preocupacion consciente a esta otra parte de mi ser, una preocupación que denunciaba la constante ausencia de personas en calles y ventanas,dirigí los ojos de mis sueños hacia veredas y pasajes en busca de otros que compartiesen mi existencia.
Descubri que, lo que a primera vista es solo una ciudad vacía,se convierte, en detalle, en una metrópolis plagada de gente que se desplaza, sin apuros, en una perfecta armonía.
También conseguí hacer,por unos instantes, un barrido visual que fue de izquierda a derecha y desde abajo hacia arriba. Con ese método,descubrí que conviven en un mismo universo diversos estilos, y aún asi, conforman un todo organizado y limpio. La antigüedad parece no aportar deterioro a las casas y edificios.Se ven antiguios, es todo: esto es así, aunque no haya musgos ni grietas que indiquen el paso del tiempo.
No sé nada acerca de la antigüedad cronológica de esta ciudad, ni de la procedencia de sus gentes.No elaboran deshechos, no conocen el sonido, ni poseen clima o atmósfera en el modo en el que nosotros los poseemos; y lo que llamaríamos cielo es, en esta dimensión onírica un sistema de manchas de colores diversos, que se disponen no por cuestiones naturales, sino de equilibrio compositivo, interactuando con las figuras que uno contemple por sobre ellas. Es muy probable que se rijan bajo las leyes de figura-fondo, y que tengan la capacidad de amoldarse o de hasta llegar a existir-para cuando uno enfoque una construcción determinada o sitio específico de la ciudad.
Lo más increíble fue el intentar la experiencia de sobrepasar con la búsqueda cualquiera de los límites del campo visual .Esto arrojó un extraño y misterioso resultado para mi pensar consciente:
Al saltar el límite derecho me encontré con el límite izquierdo; al avanzar por el límite del suelo, llegué al límite del cielo. Sean éstos, tal vez , los límites de mi pensamiento, o tal vez, los de este producto que mis pensamientos han creado.
La forma que puede graficar a este universo, me sugiere la de una esfera.
Defenderé esta elección de representación mental entendiendo que el recorrido de mis espacios mentales se dio en dos direcciones, veryical y horizontal, que a su vez, se hilvanaban cíclicamente, como una cinta, aro, o disco.Por lo tanto, si variando el ángulo visual buscase sobrepasar los límites, y allí comprobase que nuevamente un final me devuelve al inicio; yo bien podría crear un giro de 360° y así, utilizando ambas direcciones, darle cuerpo a una esfera.
Es evidente que sólo puede habitarse dentro de la esfera, y que todo lo visible queda inmerso en ella. Qué hay fuera de ella escapa a mis posibilidades de afirmación, desatando y dando comienzo a un espacio plagado de planteos e incertidumbres, aun campo que tiene como característica fundamental a lo hipotético.
Quizás, fuera de la esfera me encuentre yo, y el mundo que , junto a ustedes, habito.Quizás la ciudad tenga vida real y sus gentes actúen en realidades que no dejan de ser menos por el hecho de hallarse en una dimensión distinta de la nuestra.
Por lo pronto, sólo se que todo eso que existe es producto de mi mente, y que, a pesar de la icnapacidad de sus habitantes para verme, yo, los he visto.

